Zoom In–Bogotábus Imprimir Correo electrónico

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Plano general de la ciudad. Desde arriba, se ven los edificios a uno y otro lado de la calle atestada de vehículos y transeúntes. Es Bogotá, la carrera Décima entre calles 13 y 19, un martes a las cinco y media de la tarde. Hora pico, hora de gente saliendo del trabajo, hora de congestión vehicular. A lo lejos se oye un murmullo, combinación de voces humanas y sonidos de máquinas. - Zoom in- Entre más cerca mejor se oye lo que sucede: pasos de transeúntes, pitos y motores, vendedores ambulantes, conversaciones sobre fútbol, telenovelas o cualquier cosa. Ahora, mucho más cerca, los edificios ya no están, solo quedan los techos de los carros, el pavimento, los semáforos, los peatones. Estamos en el cruce de la calle 19 con carrera Décima, el semáforo está en rojo, hay tres filas desordenadas de carros de colores y tamaños diferentes. El zoom in continúa y atravesamos un techo rojo con un rectángulo de fondo blanco y letras negras en las que se lee: FUE704 servicio público. Dentro de la buseta modelo 84, una pared improvisada, tapizada con cuerina roja, separa al conductor del resto de pasajeros, la pared tiene una puerta también improvisada, que sirve para que el conductor se comunique o actué en caso de emergencia, por ejemplo, para bajar a algún indigente: bájese hermanito ¿es que no me oyó o qué?, o para decirle a los pasajeros que se corran pa’ tras ¿me hacen el favor y me colaboran que allí adelante están los chupas? La puerta tiene una ventanita y más abajo un orificio por el que la mano del conductor se estira para recibir el dinero del pasaje y dar las vueltas. Son las seis y cuarto, todos los puestos están ocupados y aunque en el vidrio delantero una calcomanía anuncia que no se permiten pasajeros de pie, hay por lo menos siete en el pasillo de la buseta. La emisora del trancón va a todo volumen, mientras una mujer con dos niños recita de memoria un discurso que suena gastado de tanto repetirse. Casi nadie le presta atención, los que vienen solos miran por la ventana, los que vienen acompañados hablan entre ellos. “yo vengo de la ciudad de Popayán, allá hace un tiempo atrás que ha llegado gente armada, nos han desalojado de nuestras viviendas, (suena la registradora y una mujer le pide permiso a la de los niños para pasar a la parte de atrás de la buseta) somos aproximadamente 45 familias del barrio la Esmeralda las que prácticamente quedamos en la calle, personas desplazadas, (el conductor le sube el volumen al radio porque la mujer de los niños se subió sin pedirle permiso) yo me vine a Bogotá para conseguir un empleo, salir adelante con mis hijos, pero señores pasajeros, yo aquí en Bogotá me encuentro sola, no tengo el apoyo de un familiar que me ayude, me brinde un techo, un alimento para mi, para mis niños, mientras yo salgo a conseguirme un empleo, (el bus frena, la mujer se agarra de la baranda, los pasajeros que van sentados tienen a los niños para que no se caigan, una señora grita tratando de que el conductor la oiga: tenga cuidado bruto!) …he pasado hojas de vida en restaurantes, panaderías, también en casas de familia pero por el simple hecho de saber que soy una persona desplazada me desprecian (suena un celular) no me dan empleo, como si de verdad no fuéramos seres humanos (la buseta se detiene y se suben tres personas más, alguien grita: Póngale segundo piso!) yo le agradezco a aquella persona que me pueda colaborar con un empleo, con algo de comer, (alo… alo…. alo?) con una ropita, yo le agradezco, (los tres nuevos pasajeros tapan a la mujer y a los niños, solo se oye su voz, aplastada por el vallenato que suena en la radio) hago esto porque lo que quiero es tener un alimento (Quiubo hermano ya voy en… en la buseta hermano) y un ‘vistuario’ para mis niños mientras yo logro conseguir un trabajo estable (si, por ahí en diez minutos estoy allá… si hermano si, allá nos vemos, si, en unos diez minutos estoy allá… bueno si, si, chao), que la salud, la paz y la prosperidad reinen en cada uno de sus hogares, (una señora saca mil pesos de su cartera y se los da a la mujer) Dios los bendiga y muchas gracias”

 

Toda mi vida he viajado en bus, toda mi vida he vivido en Bogotá. El trancón, la emisora a todo volumen, los empujones, los cantantes, vendedores y pedidores, que cuando vamos tarde y el bus no anda, cuando huele a feo, cuando se varó, asociamos con lo desagradable, con el suplicio del transporte público en Bogotá, ahora me resultan llenos de significado. Los olores, los colores, las formas, las texturas, el sonido, las conversaciones, el sabor de los dulces que se venden, las historias, todo eso esta en mi memoria y creo que en la memoria de muchos Bogotanos, es algo que merece ser contado, evocado, re-construido.

 

Zooom In–Bogotábus es un proyecto que tiene que ver con lo perceptivo, con los sentidos, con la manera como construimos en individual y en colectivo. Se trata de recoger imágenes, sonidos y relatos, con conductores, pasajeros y personas que trabajan en buses, busetas y colectivos en Bogotá. Me encantaría poder recoger olores y sabores pero no se me ha ocurrido como. Zoom es un movimiento de cámara que se hace gracias a un lente, el cual permite acercarse o alejarse, este es un zoom in, es decir, que va de lo general a lo particular. Zoom in a los engalles, a la estampita de la Virgen del Carmen, a la foto de los hijos, a los pregones de los vendedores, a las conversaciones, al programa de radio, a las historias que cada cual recuerda, pues cuando de buses, busetas y colectivos en la ciudad de Bogotá se trata, el viaje está sazonado de particularidades: Aquí hay raponero, vallenato a todo volumen, concesiones: -¿me lleva por 500?, Súbase por la de atrás-, vendedores, cantantes, -no me le demoro patrón-, el conductor pasándose los semáforos en rojo, -¿Qué es que cree que lleva vacas? ¡Respete!- Ejemplo de lo urbano convertido en humano.

Las imágenes, los sonidos y los relatos recolectados son referencia de los haceres y prácticas cotidianas al interior del bus, pues precisamente esta creatividad cotidiana, es la que permite que los habitantes de la ciudad se apropien de múltiples maneras de los espacios construyéndolos colectivamente, contrastando así, con la ciudad pensada desde lo puramente racional, como una máquina inerte, homogénea y funcional. Son precisamente esas prácticas micro, singulares, de cierta manera efímeras, las prácticas de todos los días, las que permiten que en lo cotidiano surjan formas de apropiación, modos de hacer, historias, dichos, actitudes, sin identidad legible, imposibles de controlar, difíciles de explicar. Lo urbano, casi automáticamente relacionado con frío, gris, ladrillo, inerte, se convierte así, por las formas de estar de sus habitantes en la expresión de algo profundamente humano. La ciudad es escenario, oficina, campo de batalla, en la ciudad hay tantos espacios como experiencias espaciales distintas: el mismo lugar, puede ser pensado, evocado, recordado, experimentado, construido, de maneras diferentes, tantas como imágenes de ciudad puede haber en cada uno de nosotros. El caso particular del espacio al interior de buses, busetas y colectivos no es la excepción, pues en el interior del bus como en la ciudad, se combinan lo público y lo privado: el viaje muchas veces, aunque grupal es solitario, el espacio es de todos pero está delimitado, puede ser intercambiado, restringido, violado, hay que moverse rápido, cada cual pelea por su lugar. El bus igual que la ciudad es puro y constante movimiento, flujo de personas, sonidos e imágenes, la ciudad como el bus, se quiere pero se odia. Dentro del bus como en la ciudad todo es dinámico, el bus y la ciudad siempre están transformándose. Zoom in-Bogotábus intenta re-construir a partir de múltiples voces, para entender un poco como construimos y reinventamos constantemente desde la cotidianidad.

Quiero agradecer a los conductores por dejarme tomar fotos, siempre son muy amables, (no se si tenga que ver con que soy mujer, tal vez), me muestran sus engalles, me aconsejan como tomar mejor la foto, que por favor no saque la bayetilla sucia o la botella de jugo, que espere le echamos una barridita porque da pena, me piden que les tome una foto a ellos o que nos tomemos una juntos y por supuesto me cuentan muchas historias. Agradecer también a todos los pasajeros, amigos y personas desconocidas a las que cuando les cuento del proyecto siempre dicen: Ay si! a mi una vez me paso algo: yo iba en la buseta para nosedonde y entonces… todos tenemos historias de bus. Gracias también a las personas que trabajan en los buses: vendedores, cantantes, los que piden una colaboración, por permitirme recoger sus historias y sus pregones. Creo que lo mejor de Zoom In–Bogotábus es que se trata de una creación colectiva hecha con fragmentos individuales, así que todos los que quieran participar contando, opinando, mostrando, están invitados a subirse en este viaje, no hay que pagar, todos por la de atrás, colabórenme haciendo bien la filita y súbanse rapidito que me hacen trancón.

Adriana Moreno Acosta
Proyecto de Investigación
Maestría en Estudios Culturales
Universidad Nacional de Colombia

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