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Pagina 1 de 4 TRANSPORTE URBANO EN BOGOTÁ
PRIMERA PARTE: DEL TRANVÍA DE MULAS AL ELÉCTRICO Jairo Valenzuela Bogotá se encuentra en el centro de Colombia, en un altiplano a 2600 metros sobre la rama oriental de la cordillera de Los Andes; se extiende sobre una sabana fértil y está limitada al oriente por los picos que la separan de los Llanos Orientales. El difícil acceso a esta sabana mantuvo, durante muchos años, a la ciudad aislada y con poca población en relación con otras capitales del continente. A fines del siglo XIX Bogotá tenía menos de 80 mil habitantes; hacia 1910 tenía aproximadamente 120.000. El gran crecimiento de la ciudad se produjo a partir de los años cincuenta, con las migraciones campesinas. En la actualidad, la ciudad tiene alrededor de 7 millones de habitantes.
LA CIUDAD SIN CARROS Un hecho curioso en la historia del transporte en Bogotá, fue la prohibición, entre 1844 y 1877, de tránsito de carruajes por las calles de la ciudad "por el daño que podrían ocasionar los coches a los adoquines y las redes de acueducto". De esta manera, los carruajes sólo podían llegar hasta las plazas de San Diego, San Victorino, Las Cruces y San Agustín y desde allí se caminaba o se usaban carretillas para el transporte de carga
Sin embargo, el aumento de la población hizo pensar a los más audaces que é se era el momento apropiado para establecer un servicio p ú blico de transporte. Cuenta don Tomás Rueda Vargas que el francés Jean Gilede y el británico Henry Alford, establecieron en 1876 una empresa de carruajes, con oficinas en el atrio de la Catedral, bajo el nombre de "Compañía Franco-Inglesa de Carruajes de Alford y Gilede", que disponía de coches tirados por caballos, con capacidad para diez pasajeros, denominados omnibuses y cubrían la ruta entre Bogotá y el caserío de Chapinero. Poco tiempo después Alford y Gilede vendieron la compañía a un par de empresarios de la vecina población de Engativá, quienes agregaron sus apellidos a la firma, convirtiéndola en la "Compañía Franco-Inglesa de Carruajes de Caipa y Tibaquirá".
El 2 de abril de 1873 se comienza a publicar en La América (Nº74) Los aguinaldos en Chapinero, novela por entregas de Eugenio Díaz Castro, que concluyó en el Nº105 del 28 de julio de ese mismo año. En ella se narra las aventuras de unas familias bogotanas que pasan las vacaciones de diciembre en el cercano pueblo de Chapinero; allí podemos leer: "Al norte de la ciudad de Bogotá, como a una legua de distancia, en el punto mismo donde la Sabana se deslinda con las lomas que sirven de base a los páramos de oriente, está situada la pequeña aldea de Chapinero (...) Una capilla, rodeada de algunas casas de paja es lo que constituye la población. Según lo convenido, el día 15 de diciembre, después de otros viajes, emprendió el único ómnibus que entonces había, el de la conducción de la familia de don Toribio. A las nueve de la mañana se abrió la portezuela al frente de la casa de Teresa... (...) A este tiempo llegó el carro con todos los trastos, tirado por dos hermosos bueyes colorados. Iban allí todos los enseres de la cocina, dos taburetes pequeños, unas esteras, dos almofrejes, dos o tres catres y algunos baúles y cajones..." La familia viajaba en el ómnibus, que evidentemente hacía un viaje especial para ellos, lo que hoy llamaríamos un expreso; los trastos y los baúles - el equipaje para las vacaciones- llegaban más tarde en una carreta de bueyes. |






